La tecnología y la ciencia han crecido de manera sorprendente en los últimos años, al punto de que hoy contamos con herramientas impensadas al alcance de la mano, muchas veces desde una simple app en nuestros teléfonos.
Esto puede ser intimidante y abrumador si nos obsesionamos con utilizar la enorme cantidad de productos y servicios que prometen medir, calcular e incluso resolver todos nuestros problemas físicos o mejorar nuestro hándicap de golf.
Aunque debo decir que existen muy buenas opciones que coadyuvan al momento de construir una mejor versión de nosotros mismos, es importante entender que todas estas apps son herramientas. Ayudan, y muchas veces ayudan mucho, pero también pueden abrumar con información en abundancia que no siempre contribuye al objetivo buscado. Además, por sí solas no alcanzan para entender cuál es la estrategia adecuada a utilizar.
Esto es importante porque, aunque tengamos los datos, nos encontramos con el dilema de poder analizarlos y transformarlos en un plan accionable.
En entrenamiento, especialmente cuando hablamos de golf, muchas decisiones se toman a partir de sensaciones: “me siento rígido”, “perdí distancia”, “me cuesta rotar”, “termino con dolor lumbar”, “no sé si estoy mejorando”. Todas esas sensaciones importan, pero no siempre alcanzan para diseñar un programa preciso.
Por eso uso la tecnología como parte de una estrategia de trabajo: evaluar mejor, planificar con más criterio, medir respuestas, ajustar cargas y mostrarle al cliente de forma clara qué está haciendo, por qué lo está haciendo y cómo progresa.
No se trata de llenar el entrenamiento de dispositivos. Se trata de elegir herramientas que ayuden a tomar mejores decisiones.
Tecnología no es complejidad: es claridad
Un buen programa de entrenamiento no debería depender de la improvisación.
Antes de decidir qué ejercicios hacer, cuántas series usar, qué movilidad priorizar o qué tipo de fuerza entrenar, necesito entender algunas cosas:
- Cómo se mueve la persona.
- Qué rangos de movilidad tiene disponibles.
- Qué compensaciones aparecen bajo movimiento.
- Qué nivel de fuerza y potencia puede expresar.
- Cómo responde al entrenamiento.
- Qué carga puede tolerar sin acumular fatiga innecesaria.
- Qué objetivo real tiene: jugar sin dolor, ganar distancia, mejorar estabilidad, preparar una temporada o simplemente entrenar mejor.
La tecnología ayuda a convertir esa información en datos observables. No para hacer el proceso más frío, sino para hacerlo más claro.
Un ejemplo simple: si un golfista siente que le falta rotación en el backswing, el problema puede estar —y muchas veces está— en la columna torácica, en la cadera, en el control del core, en la movilidad del hombro, en el setup o en una combinación de factores. Sin evaluación, todo es una hipótesis. Con herramientas de análisis, esa hipótesis se puede ordenar.
1. Evaluación de movimiento: ver lo que el ojo puede pasar por alto
Uno de los usos más importantes de la tecnología es el análisis del movimiento.
A través de video, detección de puntos articulares con IA, medición de ángulos, comparación lado derecho/lado izquierdo y análisis cuadro por cuadro, es posible observar detalles que muchas veces no se perciben en tiempo real.
Esto puede aplicarse a movimientos generales como:
- Sentadilla.
- Peso muerto.
- Rotación torácica.
- Estocadas.
- Movimientos de hombro.
- Control lumbopélvico.
- Patrones de estabilidad.
Y también a gestos más específicos del golf, como la rotación de pelvis, la movilidad torácica, la capacidad de disociar tren superior e inferior o la estabilidad durante posiciones similares al stance.

Lo importante no es medir por medir. Lo importante es que esa información permita tomar decisiones prácticas.
Por ejemplo:
- Si hay poca rotación torácica, el plan puede incluir movilidad específica y control rotacional.
- Si la cadera no rota bien, puede haber trabajo de movilidad, fuerza en rangos amplios y estabilidad pélvica.
- Si aparece valgo de rodilla en patrones de carga, se puede priorizar control de cadera y fuerza unilateral.
- Si hay pobre control del tronco, puede tener sentido trabajar antirotación, estabilidad y patrones progresivos de core.
La evaluación no es el final del proceso. Es el punto de partida. En mi caso, utilizo mi plataforma de análisis disponible en bodytoolkit.fit.
2. Medir potencia, fuerza y velocidad: saber qué capacidad estamos entrenando
Cuando hablamos de distancia, indirectamente estamos hablando de potencia.
La velocidad del swing no depende solo de “pegar más fuerte”. Depende de tu movilidad, fuerza, coordinación, secuencia de swing, capacidad de aplicar fuerza rápido y eficiencia para transferir esa energía al gesto deportivo.
Por eso, cuando el objetivo es mejorar el rendimiento, se pueden utilizar herramientas específicas para medir distintas capacidades.
Radar de velocidad de swing
Los radares de rendimiento permiten medir variables como la velocidad del swing, la velocidad de la bola o distintos parámetros relacionados con el golpe, siempre según las capacidades del dispositivo utilizado.
Para mis evaluaciones de velocidad de swing utilizo, en espacios cerrados, un radar de bolsillo confiable como PRGR; y en espacios abiertos donde se puedan realizar tiros de golf, utilizo el radar Garmin R10.
Dispositivos como Garmin o PRGR son útiles para observar si el trabajo físico se transfiere al gesto deportivo.
Por ejemplo:
- ¿Mejoró la velocidad después del trabajo de movilidad y fuerza?
- ¿Hay diferencias de velocidad antes de una sesión de potencia y al finalizar?
- ¿La velocidad mejora, pero aparece dolor o rigidez?
- ¿La técnica tolera el aumento de intensidad?
- ¿Se observan avances concretos a lo largo del tiempo?
The Stack System
The Stack System es un ejemplo de herramienta orientada al entrenamiento de velocidad de swing. Es útil dentro de una estrategia más amplia, siempre que no se lo use como una solución aislada.
Si hay algo clave a la hora de desarrollar velocidad de swing es contar con una estructura funcional apta para soportar los distintos vectores de fuerza que ejerce la acción de pegarle a la pelota a tu máxima capacidad.
Pensemos en el cuerpo como un auto. Imaginemos un auto de gama media al cual se le hacen ajustes de alta performance para que acelere mejor y tenga mayor velocidad final. Si el encargado de hacer esos ajustes solo se enfoca en potenciar ciertos puntos del auto para lograr rápido el objetivo, la consecuencia de esta estrategia será que el vehículo comience a mostrar puntos de debilidad que no están preparados para soportar esas nuevas cargas y, en consecuencia, terminen rompiéndose.
Desarrollar más velocidad de palo es algo sumamente factible a cualquier edad, pero con un condicionante importante: para lograrlo sin dañar nuestro cuerpo, necesitamos construir las bases que nos aseguren una mayor performance sin poner en riesgo la maquinaria.
Plataforma de salto
Una plataforma de salto permite evaluar variables relacionadas con la potencia del tren inferior, la capacidad de producir fuerza rápidamente y la evolución neuromuscular.
Esto puede ser especialmente útil porque el golf, aunque no parezca un deporte de salto, depende en gran medida de la capacidad de aplicar fuerza contra el suelo con gran rapidez. Los jugadores amateurs generalmente no tienen la velocidad suficiente para generar y transferir energía cinética lo suficientemente rápido como para aprovecharla al momento del impacto.
Con una plataforma de salto se pueden observar cosas como:
- Altura de salto.
- Potencia estimada.
- Diferencias entre una pierna y otra.
- Mejoras entre evaluaciones.
- Respuesta a bloques de fuerza o potencia.
No uso este tipo de evaluación para convertir a un golfista en saltador. La uso para entender si su sistema está ganando capacidad de producir fuerza y expresarla rápido. Hoy en día, este tipo de evaluaciones de saltabilidad son el gold standard para medir potencia en el tren inferior.
Handgrip
El handgrip o dinamometría de agarre es una medición simple, rápida y útil.
En golf, la fuerza de agarre no debe interpretarse como “apretar más fuerte el palo”. Un exceso de tensión en las manos puede ser contraproducente. Pero la medición de grip strength puede dar información general sobre fuerza, asimetrías y cambios a lo largo del tiempo.
El test de handgrip es un biomarcador altamente confiable para medir el estado físico general, la salud neuromuscular y el envejecimiento biológico. Se utiliza en ambientes clínicos para predecir el riesgo de mortalidad a largo plazo, la probabilidad de enfermedades crónicas y la aparición de discapacidades físicas. En mi caso, lo uso como otro parámetro más para medir el estado físico general de mis clientes.
Puede servir, además, para:
- Comparar lado derecho e izquierdo.
- Detectar pérdida de capacidad luego de dolor, lesión o fatiga.
3. Planificación digital
La tecnología también cumple una función práctica: hacer que los clientes tengan su planificación clara, ordenada y accesible.
Para eso utilizo mi app de gestión de sesiones de entrenamiento, donde el cliente puede ver sus sesiones, bloques de trabajo, ejercicios, videos, dosificación, descansos, etc.

Esto evita uno de los problemas más comunes en el entrenamiento remoto: la confusión.
El cliente no adivina qué ejercicio hacer, cuántas repeticiones realizar, cuánto descansar o en qué orden ejecutar el bloque. La planificación está presentada de forma simple y clara.
Una sesión puede organizarse por bloques, por ejemplo:
- Activación.
- Potencia.
- Fuerza.
- Movilidad.
- Core.
- Recuperación.

4. Videos y ejecución: reducir errores en el entrenamiento remoto
En entrenamiento online, la explicación del ejercicio es fundamental.
No alcanza con ver el nombre de un ejercicio. Es importante saber cómo ejecutarlo, qué se debería sentir, qué errores evitar o cómo ajustar el rango si algo molesta.
Por eso, la app permite mostrar videos de demostración dentro de cada ejercicio, junto con la dosificación correspondiente.

Esto ayuda a que el cliente tenga una referencia visual clara.
Por ejemplo, si el ejercicio es un cat-cow, una rotación torácica, un hip hinge o un Pallof press, el video reduce la ambigüedad. El cliente ve la posición inicial, el ritmo, la dirección del movimiento y el objetivo.
Aun así, el video no reemplaza el feedback. Es una herramienta para mejorar la ejecución, no una garantía automática de técnica perfecta.
5. Seguimiento de respuesta: entrenar mejor, no solo entrenar más
Uno de los puntos más importantes de cualquier programa es entender cómo responde la persona.
No todos toleran la misma carga. No todos recuperan igual. No todos llegan con el mismo estrés, sueño, historial de lesiones o disponibilidad real.
Por eso, después de cada sesión, el cliente puede registrar variables simples como:
- RPE o percepción de esfuerzo.
- Sensación general del entrenamiento.
- Notas subjetivas.
- Molestias o ajustes necesarios.
- Calidad percibida de la sesión.

Esto es clave porque permite ajustar el plan con información real.
Por ejemplo:
- Si una sesión planificada como moderada se percibe como 9/10, algo debe revisarse.
- Si aparece dolor después de ciertos ejercicios, hay que ajustar selección, rango o carga.
- Si el cliente completa todo con facilidad durante varias semanas, puede ser momento de progresar.
- Si la fatiga sube y el rendimiento baja, quizá conviene descargar antes de insistir.
6. Datos + criterio: la combinación que realmente importa
El error sería pensar que más tecnología significa automáticamente mejor entrenamiento, pero como propuse al principio, esto no es tan así.
Un radar, una plataforma de salto, una app, un análisis con IA o una medición de handgrip no sirven de mucho si no hay un criterio detrás.
El valor está en conectar los datos con una decisión práctica.
Por ejemplo:
- Si el radar muestra caída de velocidad, puede haber fatiga, falta de potencia, mala entrada en calor o un problema técnico.
- Si el análisis de movimiento muestra falta de rotación torácica, es importante asignar un espacio del entrenamiento a mejorar este punto.
- Si la plataforma de salto muestra baja potencia, nos da un buen punto de partida para saber dónde poner el foco.
- Si el RPE reportado por el usuario difiere del planificado, permite ajustar rápidamente parámetros de la sesión como volumen, intensidad o tiempos de descanso, por mencionar algunos.
7. Evaluación de patrones de movimiento
A partir de la evaluación inicial, se pueden definir prioridades como:
- Recuperar movilidad útil.
- Mejorar fuerza general.
- Construir estabilidad.
- Aumentar potencia.
- Mejorar tolerancia a la carga.
- Reducir compensaciones.
- Preparar al cuerpo para tolerar más velocidad.
- Mantener la práctica de golf sin dolor ni fatiga excesiva.
La tecnología como parte de una estrategia más abarcativa
Uso tecnología porque me permite ordenar mejor todo el proceso de entrenamiento: hacer un seguimiento de los parámetros de cada sesión, mantener un historial claro, evaluar la progresión, registrar logros, digitalizar las rutinas y lograr que cada persona tenga su planificación disponible sin importar dónde se encuentre.
Pero el valor principal no está solamente en tener una rutina dentro de una app o en acumular datos. El verdadero valor está en que esas herramientas permiten construir un sistema de trabajo más claro, medible y sostenible en el tiempo.
Cuando una persona puede ver qué tiene que hacer, entender por qué lo está haciendo, registrar cómo se sintió y observar su evolución, el entrenamiento deja de ser una sucesión de ejercicios aislados y empieza a convertirse en un proceso. Esto ayuda a generar mayor compromiso, más autonomía y una relación más concreta entre el esfuerzo realizado y los resultados obtenidos.
También permite que el feedback no dependa únicamente de sensaciones generales como “me siento mejor” o “me cuesta más”. Esas sensaciones son importantes, pero cuando se combinan con registros, videos, mediciones y seguimiento de cargas, se transforman en información más útil para ajustar el plan. Mi objetivo final no es que la persona dependa de una app, de un dispositivo o de una medición. Mi objetivo es que pueda entrenar con más certeza, efectividad, seguridad y autonomía, entendiendo qué está haciendo hoy y cómo eso se conecta con sus objetivos de mediano y largo plazo.


